El camino del Inca, Qhapac Ñán o Red Vial del Tahuantinsuyo, es una larga extensión de caminos (30.000 Km. estimados) creado para fines de transporte, comercio y defensa. Unía gran diversidad de parajes y grupos sociales, incluso preincaicos. Su extensión incluye territorios de Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Ha sido declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco.
El llamado “Puente del Inca” en Mendoza, el punto más austral del Qhapac Ñán, consiste en un puente natural sobre el Río Cuevas, constituido por una capa de sedimentos coluviales cementada por sales, durante miles de años.
Si bien actualmente no se puede transitar dentro del puente, hay un largo mirador para contemplarlo, junto a numerosos puestos de artesanos y locales gastronómicos.
En el lugar, puede observarse la cruz diseñada por el artista Chipo Céspedes, donada al Club Andinista Mendoza para el establecimiento; la tumba de Juan Stepanek, recordado como la primera persona fallecida en 1926 escalando el Aconcagua; y Adriana Bance, escaladora francesa que en 1942 se convirtió en la primera mujer en hacer cumbre en el coloso de América.
En la zona del cerro Aconcagua un grupo de expedicionarios halló, en el flanco de la actualmente llamada “Pirámide” del Aconcagua, un fardo funerario de origen incaico de un niño con ofrendas (sacrificio ritual o capacocha”), evidencia inca en el territorio.
La primera descripción geológica del área conocida como «Agua de la Zorra» en Paramillos de Uspallata, fue la realizada detalladamente por Charles Darwin en 1835, documentada primero en sus diarios y luego en “El viaje del Beagle, observaciones geológicas en Sudamérica” (1846). El científico interpretó la secuencia geológica que aflora en esta área como de origen sedimentario y volcánico. La región de Paramillos de Uspallata concentra la mayor población de bosques fósiles de la Argentina, los que se formaron hace aproximadamente 240 millones de años.
Las Bóvedas fueron emplazadas estratégicamente, en el Camino Real del Oeste o de Uspallata, entre las minas y la Capitanía General de Chile. Desde acá partía la plata (Ag) y en menor cantidad el oro (Au) en lomo de mula, con destino a la Casa de la Moneda en Chile. Una vez allí, se acuñaban los doblones de oro y reales de plata manualmente, a percusión de martillo y prensa. Volvían a Mendoza, donde se traspasaba la carga de los mulares a los carros tirados por bueyes, siguiendo el viaje a Buenos Aires, desde donde partía en carabelas o galeones, hasta su destino final: las arcas reales españolas. En 1817, Las Bóvedas fueron asignadas por el general San Martín para servir de oficinas y almacenes durante la Campaña Libertadora. Hoy funciona un pequeño museo histórico.
Somos el anhelo de la tierra por llegar al cielo.
Vimos al inca cruzar, por cientos de años, el puente más austral de
su imperio.
Acunamos el sueño de libertad más grande del mundo, de la mano
del
Libertador y su ejército de hombres sin miedo.
Fuimos testigos de Darwin y su bosque fósil de araucarias, en
Paramillos.
Fuimos y somos portal del oeste argentino, de inmigrantes y
viajeros.
Somos la pureza cristalina de Villavicencio, el manto nevado de
Penitentes,
los siete colores de Uspallata y el centinela de los Andes, el
Aconcagua.
Somos manantial, roca silenciosa, flor silvestre, jarilla y chañar y el
hogar de
pumas, cóndores, choiques y guanacos en libertad.
Somos historia, naturaleza y gente trabajadora.
Somos Las Heras. Somos la montaña
Francisco Lo Presti
Intendente de Las Heras